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El filme
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VÍA PARA EL REINICIO DE UN CUERPO

Tu voz se enciende si la toco,

hay ceniza en tu garganta

pero nada cesa tu grito,

existe tanto cariño en tus esquinas

que el viaje, como el amor cuando es cierto,

siempre es de ida.

 

Elvira Sastre (2020), América Latina

Encontrarnos a la vera del camino que construimos y animarnos a transitarlo juntes. Con el traslado en el espacio como hilo conductor y génesis de sus trayectorias, las protagonistas de este ciclo avanzan decididas y a la fuerza rumbo al encuentro consigo mismas. Sangran y sanan, cantan y bailan sus historias para invitarnos a alzarnos, gritar y romper. Que de tan llenes de vacío nos elevemos sobre el dolor y toquemos tierra con pies nuevos: los nuestros. La curaduría se propone involucrar al público en una experiencia colectiva de sanación, a través de la exploración del sufrimiento y florecimiento personal que atraviesan las protagonistas de estas obras. Con la participación del cuerpo en la identificación de las sensaciones, generar un vínculo que borre los límites entre artista y público. Las huellas en la corporalidad muchas veces no son visibles, pero se vuelven imborrables. El arte, en este sentido, funciona como detonante de esas marcas.

Lo datos

Estas mujeres atraviesan un estado fugaz para concluir en uno definitivo que conlleva una transformación interna del ser. El género dramático unifica todas las películas que constituyen este ciclo, pero los relatos seleccionados se diferencian por su tono y hacer artístico, aunque manteniendo la expresión corporal de manifestar físicamente el paso por la tragedia. Elena (2012), de la documentalista Petra Costa, expone a través del ensayo audiovisual una perspectiva íntima de los recuerdos de su niñez hilvanados con su experiencia en la búsqueda de su hermana, luego de abandonar su Brasil natal hacia Nueva York. Los Sonámbulos (2020) y Lina de Lima (2019) ofrecen una representación local de los conflictos atravesados por las mujeres en los países sudamericanos, desde lados opuestos del espectro de las clases sociales. La crisis silenciosa de la familia retratada por Paula Hernández se resguarda en secretos hasta el punto de la explosión donde se revelan las miserias más dolorosas. María Paz González también centra su historia en una familia de clase alta chilena, pero contada desde la mirada de Lina, su empleada doméstica, quien atraviesa las dificultades de mantener a su hijo en Perú, mientras intenta balancear su vida personal con las injusticias de su trabajo y su condición de inmigrante. Por último, el ciclo finaliza con la proyección de Danzón (1991), obra pionera de María Novaro quien pone el foco en la mirada femenina en el cine mexicano de la mano de Julia, una empleada telefónica de 40 años apasionada por el baile, hasta que su compañero de baile desaparece y se embarca en una aventura que la llevara en su búsqueda hasta la ciudad de Veracruz.

La misión

Sus cuerpos atraviesan el dolor, la vergüenza, la soledad y el abuso, emprendiendo un viaje no solo al exterior de sus zonas de confort, sino también al interior de sus heridas personales. De este modo, el fin de la exposición es trascender el plano contemplativo, y despertar cierto nivel de acción a lo largo de las tres jornadas. Las obras han sido seleccionadas con la idea de realizar un recorrido por experiencias usualmente vistas bajo la perspectiva masculina, esta vez a través de los ojos de la mujer. Desaparecer en acción (2019) del grupo CIAM nos cuenta la fragilidad de nuestros cuerpos, y la manera en que cada experiencia se asemeja a la marca que deja un doblez en una hoja de papel, mientras que Acción de ruptura afectiva (2017) de Marcela Cabutti nos habla de lo opuesto, la posibilidad de utilizar la violencia y el desapego material como medio catártico. La hibridación entre el cine y el arte performático que se ofrece no es casualidad, sino una posibilidad que se extiende hacia aquelles que deseen experimentar distintos recursos del arte feminista. A partir del momento en que le espectadore comienza su recorrido, se convierte en parte esencial de la muestra. Las curadoras invitan a todo aquel que quiera aportar su opinión, experiencia, comentario, secreto, o hasta un descargo, a formar parte de este proyecto y sumarse a la creación de “El muro de la herida”. Un espacio de participación disponible a lo largo del ciclo, que busca encapsular algunos de los testimonios que surjan durante las jornadas, con el objetivo de que, al finalizar la exhibición, este muro se convierta en una actividad al estilo cadáver exquisito. La experiencia busca ser colectiva, procurando adaptarnos a estos tiempos de pandemia, pero también, con la consciencia de que, a pesar de que la sociedad actual tenga un comportamiento individualista y aunque nuestras vidas como mujeres puedan ser muy distintas las unas de las otras, la experiencia bajo el patriarcado nos unifica.

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