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El lugar sin límites 

Arturo Ripstein

1978 - México

En El lugar sin límites la mesa es nocturna y está a oscuras. Está oculta y olvidada. Hay fiesta y baile, pero es doloroso ver cómo le sangran los talones a la protagonista, cansada de bailar el baile de los hombres, mientras el dueño del pueblo y la madama cómplice la poseen primero con la mirada, sin invitarla a la mesa porque ella es el espectáculo y el gallo de la apuesta. La Manuela tiene hambre y su mesa está vacía y no es suya. Su cuerpo se torna el alimento de los buitres que la rodean y que la quieren viva o carroña. En torno a la mesa pintada de rojo peligro se anticipa la violencia usual hacia los cuerpos feminizados. Sobre todo a los sin borde, porque lo que no se puede reconocer y clasificar, se erradica. Aunque empiece y termine intentando escapar, solo conseguirá girar sobre su propio eje, porque es una buena padre antes que nada. No puede resignarse al abandono. La danza de la muerte en un borrón colorado de líneas difusas que se va deshilachando desesperada, chorreando sangre, sudor y lágrimas.

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